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“El Premio SEGUR 2011”

octubre 22, 2011

Publicación de la revista Ariel de Cienfuegos.El joven escritor crucense Jorge Luis Águila Aparicio vuelve a ocupar  espacios en Radio Cruces. Hace solo unos días  fue publicada en la revista cultural Ariel  su reseña crítica  merecedora del premio Nacional SEGUR 2011.Durante un encuentro  como parte de la jornada de la cultura cubana,  el segundo número de esta revista fue presentado en la sala Mecenas  de la Librería cienfueguera  Dionisio San Román.

La obra de Jorge Luis  tiene por título: Sobre los encuentros de Edel  Morales con las dehiscencias de su intemporalidad, y está basada  en la novela Que te vuelva a encontrar, de dicho escritor espirituano.

Como una cortesía del Tintero pongo a consideración de los lectores esta interesante reseña crítica literaria.

Sobre los encuentros de Edel Morales con las dehiscencias de su (in)temporalidad

 Por: Jorge Luis Águila Aparicio

Que te vuelva a encontrar (Letras Cubanas, 2009), de Alberto Edel Morales Fuentes (Cabaiguán, 1961), se suma a esa vorágine de obras cuyo eje central ha sido el universo informático y el papel del escritor dentro del mismo. El texto, insertado más allá de lo que Ambrosio Fornet denominó nueva novela cubana[1] es, junto a Gutiérrez, a secas, de Vicente Battista, Acoso textual, de Raúl Vallejo, El corazón de Voltaire, de Luis López Nieves, entre otras, “una exploración  en las encrucijadas de una historia de búsquedas” donde el papel protagónico lo ocupan, como apunté, el escritor y su computadora.

Diálogos con la subjetividad autoral, apuestas por lo imaginativo, por el carácter apropiable de la lectura, un uso particular de la puntuación, unido a diálogos interiores otros, a rupturas estructurales y a esa interacción establecida con el lector a través de un escenario virtual, hacen de esta una obra compleja que nos exige una insoslayable preparación. En este sentido, Camila Henríquez Ureña nos habla del deseo de algunos de leer cosas fáciles, sencillas, en lugar de literatura que sea compleja[2] y exigente. Así, en la novela de Edel nos encontramos un entramado donde ocupan lugares protagónicos el Autor, el Lector, Ka, especie de personaje virtual, una tercera figura bastante indefinida, el cuarto Personaje, representado en la imagen dela Editora, la cual, en los desenlaces del libro se hace evidente es quien nos habla a través de las cartas. Hay otros personajes, de igual modo emblemáticos, que van apareciendo y desapareciendo a voluntad del autor, este los mueve a su antojo cual piezas en un tablero de ajedrez: Alfonso Quijano (Al), Sancho Páez, la joven editora, presta a confusiones conla Editora yla Productora.

Este discurso, lleno de significaciones, colmado de elementos de la informática, de experimentaciones estilísticas y en el que se trabaja el doble sentido de las palabras con un lenguaje dehiscente utilizado para transportar al lector de la ficción a la realidad y viceversa (lenguaje poetizado además) y cuyos diálogos, desde el punto de vista entonacional no nos permiten a ciencia cierta saber quién es quién, está caracterizado por reiteraciones no funcionales de situaciones que entorpecen la expectativa de la narración[3] a la que hay que volver en busca de los cabos sueltos, pendientes a lo largo de la misma.

Tenemos el triángulo amoroso propuesto entre Ka, el Autor y el Lector, estos últimos especie de narradores virtuales sumergidos uno en la piel del otro obligando al lector a un continuo desentrañamiento donde poco aportan las notas al pie de páginas —recurso original pero que se pudo haber explotado más en medio  de esos aires de ¿ensayo? reinantes en la novela— pues los otros personajes: la poderosa Productora, de quien se habla pero que nunca se presenta, la joven editora yla Editora, a la larga devenida el Cuarto Personaje, tejen un entramado experimental donde ocupan notorias funciones el ya aludido Alfonso Quijano, develado como el Autor en la página ciento setenta y cuatro y que establece un paralelismo senil con el personaje cervantino, Sancho Páez y Al (Alfonso, el Autor y el Lector son uno sólo y simbolizan el conflicto del escritor consigo mismo): “No desaparezcas todavía, gemelo Lector, que habrá tiempo para eso. No te pongas brutal, entiéndeme: Yo te necesito, y si interrumpes esta visita, este diálogo, este chateo, no sé qué voy a escribir, aún no lo sé (…) nada inocente entonces la intención del Autor en este fragmento: poner al desnudo la maquinaria. Al invitar al Lector, su otro par, su partenaire, a decidir (…)”.

Para una mejor interpretación de este punto invito a leer el capítulo seis y a hacer énfasis a partir de la página cuarenta y siete. También sugiero examinar la nota al pie que aparece en la página ciento cuarenta y seis y de cuyo corpus reproduzco el siguiente fragmento: “c) El peso que el cuarto personaje otorga a lo simbólico en sus cartas y disertaciones, y sus efectos en la alteración de referencias espacio-temporales, tanto en la vida real como en los sueños o en la literatura; d) La extrañeza de lo intemporal verificable en cada acto cotidiano el primer día de un nuevo año-siglo-milenio, es común para ambas versiones del documento; (…)”.

En esta nota también se habla de la existencia de personas-personajes “con las que hemos convivido hasta este mismo momento”, lo cual da a entender, en medio de ese diálogo que establece Edel con su subjetividad, cuánto de retrospectiva intertextual se nos muestra a través de la fragmentación, lo insignificante, la mezcla de prosa y verso y de ese ímpetu suyo por exteriorizar, a través de alteraciones sintácticas atemporales todo el desconcierto que le provoca la realidad: refugio a donde acude acechado por puentes extraficcionales de envergadura: “Un amor, una vida que contar, dictó al teclado. Ka era un personaje a la medida, un arquetipo o una excepción para: Pensar la realidad, imaginar escenarios posibles, salía los sábados, que la gente comentara: Es Ka, mírala bailar, un personaje contradictorio, intenso, doble; más duradero y mucho más palpitante que la verdadera Ka: Inteligente, limpia, lindísima, que bailaba en la sala, le sonreía irónica, murmuraba provocativa: Escritorzuelo, y lo besaba a intervalos en la realidad brumosa del sábado”.

La recurrencia a complicadas madejas estructurales en aras de la lectura meditabunda, me hace catalogar a esta como a una  “novela de laboratorio” en el que se exploran además elementos de la lingüística, la gramática y, dentro de ella, los giros sintácticos, el uso de mayúsculas y minúsculas, el elaborado trabajo con los signos de puntuación, donde los dos puntos juegan un papel esencial puesto que a través de ellos el autor nos impele a penetrar las interioridades de la historia provocando en el lector inquietudes extraficcionales: “Leer, como en los libros: Leer, entre las sábanas: Leer, soñar, vivir el mismo sueño dos veces, leer: Al fin, una verdadera historia de amor”.

Todo este trabajo de lucubración se integra en un contexto oportuno pues se aleja de “fórmulas estereotipadas” que ganaron terreno en décadas anteriores. El autor explota las técnicas narrativas, la lengua como medio de comunicación y otros recursos  tomados para establecer lazos de complicidad con un lector hallado de súbito ante la coyuntura de aportar al episodio expuesto ante sí. Esta relación autor/lector tiene como basamento un deseo de Alberto Edel de acercarnos a sus textualidades mediante la espontaneidad de un discurso que clasifica dentro de lo “realista fantástico”. La universalidad del mismo yace en las elaboradas estructuras narratológicas que muestran el deseo autoral de apropiarse de todos los recursos  con el objetivo de potenciar (in crescendo) cada capítulo de la obra. Oración tras oración, párrafo a párrafo, el autor de Viendo los autos pasar hacia Occidente devela, mediante retrospectivas y una poetización del lenguaje, cuadros que nos llevan desde la cotidianidad hasta ese mundo subjetivo donde la burla gramatical, los modos lingüísticos y la mezcla de escenas nos conducen a considerar esta obra como fiel muestra de las corrientes neovanguardistas eclosionadas luego del post boom.

Que te vuelva a encontrar es además un libro en el que se exploran la mayoría de posibilidades de narración concebibles, esta se interioriza a través del diálogo en primera, segunda y tercera persona, a través del manejo de la voz autoral y mediante la asunción de lo verídico, no como un elemento homogéneo sino con el objetivo de (re)crear planos y perspectivas. De este modo, las inquietudes experimentales que caracterizan a Albem Fuentes[4] nos conducen a resultados ineludibles:

1.- La conformación autoral de su individualidad, que deviene corpus estructural de la obra.

2.- Perspectivas de renuncia a una visión globalizadora de lo real.

3.- Panorama de un cosmos que halla su uniformidad a través del aumento —o la disminución— de los planos.

4.- La polémica existencial del escritor es la base de la novela.

5.- El autor está presente en el habla de los personajes y en mutua complicidad  con  el (los) lector(es) como elemento imprescindible en la conformación de la voz autoral.

Así, la singularidad de esta novela, su desenfado y coyunturas conforman un proceso dialógico donde el lenguaje se aleja de lo tradicional e incorpora recursos que enriquecen la secuencia narrativa. En este sentido resulta esencial el tono lírico de algunos párrafos y la poetización del habla cotidiana: “cuando teclea una mirada de antojo en sus benditos ojos grises…”/ “La tarde empieza a bostezar a nuestro alrededor con la aburrida promesa de muchachas ávidas de ser exploradas”/ ”De amarillo se va, y regresa al polvo de la calle fumándose el hastío de su vida”.

Por eso, ante este acercamiento poético del lenguaje narrativo, ante estas búsquedas de dimensiones rítmicas e intemporales, ante esta voz impregnada de peculiaridad y de juegos discursivos, ante este enfoque de la nueva novela, aún poco explorada, sólo me resta, frente a la presentación que se hace y en la que Alberto Edel pide la más despiadada crítica[5], mostrar mis votos y  el deseo  de encontrar nuevamente una obra de tal envergadura.


[1] Fornet, Ambrosio: “La nueva novela cubana: pronóstico de los 80”. Suplemento literario de Revolución y Cultura, número 2, abril-junio, 1983.

[2] Enríquez Ureña, Camila: “Invitación a la lectura” Ed. IL.La Habana, 1975.

[3] Redonet Cook, Salvador: “Vivir del Cuento”. Ediciones  Unión, 1994..

[4] Seudónimo literario de Alberto Edel Morales Fuentes

[5] Viernes, 26 de febrero de 2010. Biblioteca Provincial de Cienfuegos. 2 p.m.

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