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Crónica a una esquina

noviembre 29, 2013

Esquina de Calle José Luis Robau con el Paseo de Máximo Gómez Por: Ruben Morales                                                      Recordar la historia es peligroso porque a veces enlazamos los hechos reales con la ficción que fabrica nuestro cerebro para ocultar daños y destacar aciertos.

En mi caso es trabajo del subconsciente por eso no debe ser denigrado ni justificado. Hoy voy a referirme a una esquina de mi pueblo: la que forman la calle José Luis Robau con el Paseo de Máximo Gómez, mirando hacia el sur, la de la derecha, donde se levanta el edificio de apartamentos, construido en medio del período especial y que no tiene nombre, ni número, al menos perceptible a la vista, pero ya tiene, al fin su portal techado para continuar la sombra de los transeúntes y proteger su fachada de la lluvia.

Allí, en ese lugar, en la propia esquina antes hubo una Tienda de Ropa bajo el rimbombante nombre de “El Bazar Parisien”, junto a ella, frente al Prado, una homónima peletería y al doblar José Luis Robau una Quincalla llamada “de Argüelles”.

Recuerdo de niño, con siete u ocho años, mis correrías por entre las mesas que llenaban el amplio salón de la tienda de ropa con rollos de tela, que la mayoría de los clientes, tocaban, acariciaban y al final pedían un “retazo” gratis para ver si la familia se decidía a comprar algunas yardas (medida algo más pequeña que el metro, de uso en aquella época) para coserse una prenda de vestir.

Me viene a la memoria olfativa el olor a naranja de la colonia “Agua de Portugal” y también la del fuerte perfume “Mil Ochocientos”, los cuales de tanto probarlos en ropas, cuellos y orejas inundaban el recinto. Pero al salir del Bazar y entrar en la Quincalla de Argüelles, entonces la agilidad de mis movimientos se detenía en un recinto pequeño pero lleno de imágenes que inundaban mi fantasía.

Allí se vendía de todo lo imaginable: desde un reloj o una sortija hasta libretas, libros y lápices para la escuela. No puedo olvidar un libro titulado “La Ciencia y tú” con portadas a todo color donde siempre la ilustración representaba escenas de la naturaleza.

Eran libros de texto para grados superiores a los míos. Pero yo soñaba con tener uno para disfrutar de los animales salvajes, sobre todo elefantes, tigres y leones que eran mi predilección.

Al fin llegué a tener uno y resultó una decepción porque la portada no tenia nada que ver con el contenido y la portada no tenía nada que ver con el contenido: mucho texto y pocas y malas las ilustraciones. El tiempo implacable pasó.

Corría la década del ochenta y no vivía en Cruces cuando supe que después de un fuerte aguacero y vencido por la naturaleza en medio de la noche el techo del “Bazar” se desplomó haciendo añicos paredes, mostradores y vidrieras.

Planes de reconstruir un Centro Comercial dieron al traste con los bloques de apartamentos que en dos niveles se levantan hoy en la esquina de Paseo de Gómez y José Luis Robau. Y un recuerdo perdura para poderles regalar todavía de mis memorias en este espacio.

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