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Recién casados… ¿por siempre?

diciembre 26, 2013

100_2524Por: Esteban Sosa Muñoz     Hace unos días un suceso ya poco habitual en la vida de los cubanos llamó la atención de muchas personas en el centro urbano del municipio cienfueguero de Cruces.  Mi colega  Vismar Pupo lo vio de la siguiente manera en este comentario que salió al aire por la Revista de Variedades “Aquí Cruces”:

Poco probable, como una lluvia de estrellas, fue el suceso que se pudo ver este  20 de diciembre en Cruces. A la vieja usanza ella, cual Cenicienta de estos tiempos vestida de blanco, pero montada en una máquina de mitad del pasado siglo llena de globos y lazos, dio una vuelta al parque del Pueblo de los Molinos mientras él, como príncipe azul vestido de negro, la esperaba a la entrada de la iglesia.

Así, como Dios manda, se casaron el pasado viernes Yarisbet Ávalo Sarduy y Dayán Medel Lara, ante la mirada asombrada de los moradores y visitantes quienes se pararon en las calles a ver el suceso como si fuese de otros tiempos y que cayó en desuso.

Los lazos estrechados por estos dos jóvenes rompen con la realidad actual pues en Cuba hace años la tradición de ver casada a una pareja cedió el paso a la simple convivencia de las parejas   bajo un mismo techo quienes se quieren pero no legalizan su estatus civil ante la sociedad.

O como es muy común oír decir: “ellos están juntados pero no casados”. Y es que las generaciones de hoy no le ven importancia al formalismo de la de firma en un papel mediante el cual se comprometen a una fidelidad que, según ellos, se demuestra solo con hechos y no en un registro civil.

Según datos ofrecidos por la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba (ONE), en la Isla  estaban registrados en el 2012 alrededor de 55 mil  matrimonios, cifra que disminuyó en comparación con los 61 mil casamientos reconocidos hace cinco años.

Pero las cinco mil uniones menos entre el año pasado y el 2008 no reflejan exactamente el síndrome de la apatía matrimonial. El pasado año más de 30 mil parejas se divorciaron en Cuba y alrededor de  dos mil lo hicieron en menos de un año de matrimonio.

¿Cuándo y cómo se dejó de pensar en las medias naranjas? ¿Nos estaremos volviendo más inseguros ante el casamiento? ¿Ya no  abundan las personas en las cuales se pueda confiar para atar lazos familiares eternos? ¿Será solo una coyuntura pasajera en el comportamiento de los cubanos?

Lo cierto es que los hijos se parecen más a su época que a sus padres y buena parte de los que nacieron en esta Isla en las últimas décadas ven al matrimonio como un acto anticuado y prefieren mantenerse en un estado civil que no los comprometa en su etapa juvenil.

Tal vez prefieren estar libres para las salidas nocturnas, para recrearse sin tener que dar explicaciones a una segunda persona, e incluso para probar suerte en varios romances, hasta estar seguros    que las aventuras en los mares del amor llegaron a su fin y es hora de anclar en puerto seguro.

Aun así se pierden los beneficios de una relación que comenzó con trajes blancos y negros en las puertas de una iglesia y que con el tiempo promete los colores nunca imaginados al lado de una persona que juró fidelidad eterna.

El matrimonio es el inicio de la aventura más apasionada que comienza con el cartelito de “recién casados” y solo los más sabios sabrán leer  a continuación de esa frase las palabras: “por siempre”.

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