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Víctor y la maldición del ego

abril 19, 2014
Víctor: preocupado por la maldición

Víctor: preocupado por la maldición

Por: Vismar Pupo Martínez                                   Llovió, relampagueó y hasta se presagió una tormenta en Matanzas. Pero nada pudo evitar que Pinar del Río se coronara en la Serie Nacional de Béisbol. Otra vez el show Víctor protagonizó su ya conocida trama en Yo, el Rey Mesa, mas justo al final de la novela de casi 100 capítulos, cuando todo estaba listo para una legendaria victoria matancera y un happy end, su rol protagónico quedó relegado a un papel secundario.
Agotados todos los recursos, como un niño malcriado encaró a los árbitros balbuceando no sé cuántos improperios cuando el partido definitorio se le comenzó a poner cuestarriba. Pero esta vez el destino no accedió a sus caprichos.
Como todo buen inquieto manager recurrió al ya tradicional “quita y pon” de lanzadores. Sin embargo ni con sus constantes apariciones en el centro del diamante pudo impedir que las carreras comenzaron a caer como gotas de desesperación.
Cada anotación pinareña se convertía en toneladas de maldición caídas sobre Víctor: la maldición del ego. Un conjuro que fue arrojado sobre el orgullo de Mesa desde todos los confines de la Isla, y desde el otro lado del mundo.
Cuba entera deseaba verlo caer, llorar ante el fracaso, arrepentirse por tantos desmanes, pagar por sus desprecios y su arrogancia. Tenían sed de venganza los siempre maltratados árbitros, cuyas miradas le lanzaban blasfemias al destino del cavernícola director.
La prensa cubana, blanco constante de las declaraciones obscenas e irrespetuosas de Víctor, también coronó su revancha hacia él. Fue un desquite paciente pues tras cada línea de alusión a la final, los periodistas dejaban entrever, de una forma bien sutil, su preferencia por Pinar, y por ende su reniego a la causa Mesa.
Y el pueblo cubano fue casi unánime en sus deseos finales. Conjuró un hechizo para que Matanzas no accediera al trono, similar a la Maldición de la Cabra, lanzada en 1945 por Billy Sianis a los Cachorros de Chicago por no dejarlo entrar al estadio con su mascota.

El maleficio engendrado hacia la derrota de los cocodrilos constituyó una mezcla de desprecio por el batazo de Dennis Valdés a Lunar, unido al hastío que provoca la jactancia de victoria de Víctor.
Matanzas todavía no es campeón, deberá esperar un años más, y el sueño se alargará a más de tres ediciones bajo la tutela del actual timonel y a más de 20 contiendas con el nombre actual de su equipo.
Mesa, por su parte, perdió la apuesta una vez más. No es el Rey Midas, como él mismo se autodetermina. Nada de lo que ha tocado dentro de un terreno de Béisbol en Cuba se ha convertido en oro.
No lo logró alcanzar la gloria durante los siete largos años al mando de Villa Clara, y ahora suma tres intentos fallidos al frente de los Cocodrilos. Sus 10 descalabros solo han servido para eternos segundos lugares, y dicen los más exigentes que el segundo lugar es el primer puesto de los perdedores. Tal vez es medido con su propia vara: la de la impertinencia.
Alfonso Urquiola es la otra cara de la moneda: un alquimista dentro y fuera del terreno. Y no solo porque se haya agenciado el oro actual. Las tres veces que ha conducido a Pinar del Río a la final ha logrado conquistar el metal más preciado y brillante. Todo a base de humildad, esa que le falta a Víctor.
El manager pinareño es el gran héroe actual de toda Cuba. Supo ganarse la admiración y el respeto de toda la Isla. La energía positiva de millones de cubanos lo acompañó durante los seis partidos finales en la contienda contra Matanzas.
A pocos minutos de esgrimir la leyenda el aún tuvo otro momento de gloria al expresar que había dos campeones en la Serie Nacional de Béisbol, en franca alusión a su equipo y al de Matanzas. Eso es lo que lo hace un manager ganador, su gentileza.
En Vueltabajo se escribió otra página gloriosa de la pelota cubana que dejó vengada a la afición isleña. Mientras, en Matanzas se aguó la fiesta que tenían montada de antemano.
No fue la maldición del cocodrilo, como todo parece indicar. Los de La Atenas de Cuba son una generación luchadora. Su maldición provino del temple de Víctor.
El mito de la cabra aún no les ha permitido a los Cachorros de Chicago volver a levantar un trofeo en más de 100 años, a pesar de los constantes sacrificios de ese tipo de animales para revertir el maleficio.
Pero el hechizo de Mesa puede borrarse sin sangre de cocodrilo. Su misión es enterrar su ego, volver al inicio, cuando aún jugaba béisbol y se divertía de lo lindo en un magistral robo de home. Talento le sobra, le sale por los poros con tan solo respirar. Solo debe encarar su infeliz destino de director como si estuviera dentro de un juego, ¿acaso no es eso la pelota? Solo así su suerte tomará otro sendero, máxime cuando será él quien dirija al Cuba en el Cuarto Clásico Mundial de Béisbol.
Su vitrina de director está vacía de trofeos. Pero el suyo es un altar construido para las victorias más espectaculares, quizá a semejanza de él. Y detrás del cristal lo más deseado es lo que más brilla, solo que debe contar con manos suficientes para ser compartido, si no, no vale la pena alcanzar la gloria.

 

 

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  1. ORTELIO CEBALLOS VAZQUEZ permalink
    abril 21, 2014 2:31 pm

    Esteban , en realidad te felicito , excelente trabajo.Mis saludos desde Brazil

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