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Un regalo namibio para papá Eduardo

junio 17, 2014

Navid con papá EduardoPor: Vismar Pupo Martínez

No sé si José Navid quiere más de lo común a su padre Eduardo. De lo que sí estoy seguro es que Eduardo ama demasiado a su hijo José Navid. Lo sé porque me han contado de las lágrimas que le corren por las mejillas cuando le dice papá.

José Navid era tan solo un bebé de 17 meses de vida allá en la lejana Namibia de principios del nuevo milenio. Entonces Eduardo, un médico cubano solitario de cincuenta años que hasta el momento no tenía la suerte de recoger el fruto de sus amores juveniles, se cansó de esperar por la cigüeña de París, y llegó al orfanato radicado en la ciudad de Swakopmund.

Allí encontró al pequeño niño y desde entonces fue el papá más feliz del mundo. Para ello no necesitó que su sangre corriera por las venas de su nuevo familiar, porque el amor fluyó de la cabeza al corazón, y del corazón a sus venas, y fue una unión más fuerte que la misma sangre.

Tampoco importó que su color blanco en nada se pareciera al matiz oscuro que define la piel de Navid. Al fin y al cabo no hay nada más cierto como la alianza definitiva entre noche y día.

Aunque también es cierto que Eduardo no ha sido solo un padre para José. Más que eso ha sido como madre y padre a la misma vez, si es que esa dualidad afectiva existe. Y no es porque a José le falte madre: todo lo contrario, tiene una que aunque adoptiva es una madre en todo el sentido de la palabra.

Pero mamá Olia es menos paciente y comprensible que papá Eduardo. Y papá hace las veces que haría una madre cuando el niño no se porta bien en la escuela y un maestro llama la atención. Papá Eduardo sufre cuando Navid se enferma, y está toda la noche a su lado velándole el sueño.

Hace ya cinco años Navid visitó Cuba. Su estancia en la Tierra de los Molinos no le sirvió para retornar a sus raíces porque estas nacieron en suelo africano. Pero en la isla caribeña descubrió de dónde emana el cariño paternal que lo impregna desde bien pequeño.

Recorrió las calles de este pueblo, y fueron las mismas que sostuvieron los pasos de su padre cuando todavía no era médico y aún no se había enamorado en Namibia. Cada foto delata a Navid y papá Eduardo como dos amigos que se quieren cual hijo y padre, como un abrazo fundido superior a cualquier lazo sanguíneo.

Ahora José Navid es ya un adolescente de 13 años. Quizás su color, tan diferente al de sus padres adoptivos, delate su génesis porque papá Eduardo, el médico cubano, no estuvo en los orígenes del niño africano. Pero el destino de José Navid, estará ligado al derrotero de Eduardo como un regalo eterno de suelo namibio.

AUDIO: http://www.ivoox.com/un-regalo-namibio-para-papa-eduardo-audios-mp3_rf_3230725_1.html

 

 

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