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Esa voz que acompaña a los molinos

septiembre 5, 2016

Logotipo de Radio Cruces, La Voz de Los MolinosPor: Vismar Pupo Martínez

Cuando La Voz de los Molinos lanzó al espacio sus primeros sonidos, allá por el cuarto año del nuevo milenio, yo apenas era un estudiante de preuniversitario que soñaba con ser periodista.

Por aquella época los crucenses ponían las agujas del dial de sus equipos encima de los 99.3 y las hondas hertzianas traían las voces humanas salidas desde algún salón de Radio Cruces. Muchos le pasaban por delante al nuevo estudio en la calle Ezquerra 803, pero casi nadie en el pueblo sabía qué se encontraba allí.

Eran tiempos en que los escasos trabajadores de la emisora emulaban con los gitanos españoles para ver quién emigraba más de lugar. Cuando todavía no le habían cogido bien el gusto al local inaugural, un relámpago el 16 de junio de 2005 primero, y el huracán Denis en octubre de ese mismo año, conjuraron contra Radio Cruces y silenciaron La Voz de los Molinos.

Por suerte Etecsa pudo más que aquel maléfico temporal engendrado en no sé qué parajes, y cinco meses después  ya los crucenses en sus aparatos radiales volvían a sintonizar las agujas con la 99.3 ya restablecida. Sin embargo el “recoge y vete” aún no había acabado. Los CDR le donaron temporalmente un pequeño local a la emisora, que ya tenía un Doctorado en permutas.

Después de tantas vueltas por todo el terruño, parece que los hombres-radios dejaron el constante “quita y pon” de las carpas para los gitanos ibéricos y por fin echaron el ancla de aquel barco intranquilo al lado de una de las iglesias de su pueblo. Quizás por eso se espantaron los fantasmas de las mudanzas y hasta la fecha no han regresado.

La nueva casa radial fue inundada, hasta el día de hoy, por las peripecias de Luisito, el gordo, quien metía sus dedos en las incontables teclas del cajón llamado máster (un poco menos pesado que él), mientras les hacía señas y les daba órdenes a quienes se daban a conocer detrás del cristal de la recién creada cabina de transmisiones.

Jorge Jesús Fernández, hasta ese momento el único periodista que había podido reclutar Radio Cruces, también casi se convierte en mago y ante la ausencia de otros colegas, él solo tuvo que desandar todo Cruces para reportar lo mismo un acto en El Paradero de Camarones que el desfile del primero de mayo en Potrerillo. ¿Cómo se las habrá ingeniado para estar en tantos lugares a la misma vez? Creo que ni él mismo lo sabe.

Entonces llegó una legión de maestros y profesores: Iris, Esteban, Yadira, Geysi, Marleidis, y Odalys. Tal vez pensaron que Radio Cruces era una escuela porque abarrotaron en manada la emisora. Por suerte dieron la talla con sus voces y se convirtieron en una liga de periodistas-locutores-directores-editores, a tal punto que tal vez establecieron sendos records de multioficio para los medios de comunicación.

Pero tal parece que los fantasmas de las mudanzas habían regresado, y no exactamente para cambiar a la emisora de lugar. Algunas de las primeras voces se marcharon a no sé qué lejanos parajes.

Es verdad que llegué casi de último, hace apenas tres años. Pero durante estos ciclos completos de La Tierra alrededor del Sol, Radio Cruces me ha oído reportar desde lugares poco inhóspitos como la Necrópolis a la que todos llaman cementerio. Sí, ahí mismo, rodeado de tumbas.

En el Obelisco de Maltiempo me encontraba en una ocasión para convertir en reporte un acto patriótico y me fui con la noticia de una joven que aguantó durante varios minutos un micrófono que le dio “corrientazos” mientras declamaba una poesía. ¿Sobrevivió? Pues sí, pero creo que aún le tiemblan las manos.

Convertí en reportaje las cien velitas imaginarias que durante su cumpleaños debió soplar Pichichi, el centenario crucense hijo de mambises. Un aguacero me empapó a mí y mi laptop en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, mientras le daba cobertura noticiosa a una actividad en una intrincada comunidad de la geografía crucense. Sin embargo al menos regresé  con la información grabada.

Una amiga caminó varios kilómetros y cuando llegó a ese  lugar lejano de la entrevista se percató de que no llevaba consigo la grabadora. “Pagué la novatada”, dice ella entre carcajadas, cuando yo en su lugar me hubiese echado a llorar. Otros se han quedado sin guión a mitad de un programa en vivo y al punto de un infarto han tenido que improvisar.

Cuando Radio Cruces luce hoy el 12 en su uniforme, yo soy parte de su equipo. Las anécdotas sobran y podría escribirse un libro. Ahora debemos brindar para espantar, de una vez y por todas, los fantasmas de las despedidas, para que dentro de muchos años se mantengan las caras más añejas de la emisora y otras nuevas se unan a estas voces que acompañan a los molinos imaginarios de su pueblo.

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One Comment leave one →
  1. Geovany permalink
    septiembre 6, 2016 6:58 am

    Nuestra radio en Cruces ya está a la altura de Los Molinos y las Palmas.

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